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Zhao Ziyang
(17 de octubre de 1919 - 17 de enero de 2005). Fue un político de la República Popular China. Fue Primer Ministro de la República Popular China de 1980 a1987 y Secretario General del Partido Comunista de China desde 1987 a 1990. Durante su mandato se destacó por la implantación de reformas propias de la economía de mercado que incrementaron en gran medida la producción, y luchó contra la burocracia y la corrupción. Zhao Ziyang fue expulsado del Partido por su apoyo a las manifestaciones estudiantiles de la Revuelta de la Plaza de Tian'anmen y pasó los últimos quince años de su vida bajo arresto domiciliario.
En mayo de 2009 se publicaron en Hong Kong sus memorias bajo el título Prisionero del Estado: diario secreto del primer ministro Zhao Ziyang, resultado de treinta horas de grabación magnetofónica en su confinamiento, gracias a la ayuda de cuatro amigos exaltos funcionarios, entre ellos Xiao Hongda, antiguo subdirector de la Comisión de Disciplina del PCCh, y Du Daozheng, un reformista director de la Administración General de Publicaciones a finales de los ochenta. Allí cuenta sin ahorrar detalles las rivalidades políticas, conjuras, manipulaciones e ilegalidades que condujeron a la declaración de la ley marcial y a la matanza de cientos (la cifra no ha sido nunca aclarada) de estudiantes, obreros y simpatizantes en las calles de Pekín en la noche del 3 al 4 de junio de 1989. Roderick MacFarquhar, profesor de historia en la Universidad de Harvard, escribe en el prólogo del libro que de la lectura se deduce que el verdadero arquitecto es Zhao Ziyang, ya que fue él quien, por ejemplo, se dio cuenta de que el sistema de colectivización rural "estaba obsoleto". "Como Zhao reconoce, sin el apoyo de Deng nunca habría sido posible llevarlas a cabo. Pero no fue Deng quien realizó el gran avance, fue Zhao". Por otra parte defendió al final de su vida que China debía caminar hacia una democracia parlamentaria de tipo occidental —algo que los dirigentes actuales han insistido que Pekín nunca hará— "porque es el mejor sistema disponible". De lo contrario, según afirmó, "será imposible" solucionar problemas "como la corrupción rampante y la creciente brecha entre ricos y pobres" ni "materializar el gobierno de la ley".